La Hermana Belén de la Cruz (1984–2018) fue una religiosa carmelita descalza nacida en San Fernando (Cádiz), cuya vida ha despertado un gran interés dentro y fuera de la Iglesia.

Desde joven destacó por ser una chica normal: deportista (llegó a ganar torneos de golf), alegre, cercana y con amistades. Sin embargo, con el tiempo sintió una fuerte vocación religiosa y decidió ingresar en un convento de clausura en Córdoba con solo 21 años.

Vivió durante más de una década en el convento de San Calixto, donde fue conocida por su sencillez, su espiritualidad profunda y su capacidad para transmitir paz a quienes la rodeaban.

En 2017 le diagnosticaron un cáncer de ovario. A pesar de la dureza de la enfermedad, afrontó el sufrimiento con una actitud de fe, serenidad y aceptación que impresionó a muchas personas. Falleció en 2018 con solo 33 años.

Tras su muerte, su historia comenzó a difundirse ampliamente. Muchos fieles la consideran un ejemplo de vida cristiana en el siglo XXI, y actualmente su figura está siendo estudiada por la Iglesia con vistas a una posible beatificación.