Unos de los chistes fue sobre la Casa Blanca. Pero ¿Qué ocurrió el 24 de agosto de 1814?
En agosto de 1814, durante la Guerra de 1812, las fuerzas británicas invadieron Washington D.C. y llevaron a cabo lo que hoy conocemos como el Incendio de Washington.
Para entender por qué los ingleses llegaron con antorchas a la 1600 Pennsylvania Avenue, hay que mirar hacia atrás. Los estadounidenses habían quemado York (lo que hoy es Toronto) un año antes. Los británicos, conocidos por no olvidar un agravio, decidieron que Washington D.C. debía pagar la factura.
No venían solo a ganar una batalla; venían a dar una lección de humildad.
2. El «Takeout» más extraño de la historia
Cuando los británicos entraron en la Mansión Presidencial, así se llamaba entonces, se encontraron con una escena surrealista: la mesa estaba puesta para 40 invitados, con vino de primera y comida caliente. El presidente James Madison se había ido a toda prisa hacia Virginia.
¿Qué hicieron los casacas rojas? Lo que cualquiera haría después de una larga caminata: se comieron la cena del presidente. Después de brindar por la salud de su Rey con el vino de Madison, apilaron los muebles, lanzaron antorchas y vieron cómo el símbolo del poder americano se iluminaba como una fogata gigante.
3. Dolley Madison: la heroína que salvó a Washington
Mientras las llamas empezaban a lamer las paredes, la Primera Dama, Dolley Madison, se convirtió en leyenda. Mientras todos gritaban «¡Sálvese quien pueda!», ella se negó a abandonar la casa hasta que el retrato de George Washington estuviera a salvo.
Literalmente ordenó romper el marco (porque estaba atornillado a la pared) para sacar el lienzo. Gracias a su sangre fría, hoy ese cuadro sigue colgando en la Casa Blanca.
4. Dios, el clima y un tornado oportuno
Cuando parecía que Washington quedaría borrada del mapa, ocurrió lo impensable. Un huracán masivo (con tornado incluido) golpeó la ciudad. La lluvia fue tan brutal que apagó los incendios, y el viento fue tan fuerte que voló los cañones británicos por los aires.
Los ingleses, pensando que el mismísimo Dios estaba del lado de los americanos, decidieron que ya habían tenido suficiente y se retiraron a sus barcos.
El «Makeover» post-incendio
La casa quedó en ruinas, negra por el hollín. Cuando la reconstruyeron, cubrieron las cicatrices del fuego con capas y capas de pintura blanca. Fue en ese momento cuando el edificio dejó de ser simplemente la «Mansión del Presidente» para convertirse, oficialmente y en el imaginario popular, en la Casa Blanca.
Dato curioso: Si vas hoy y sabes dónde mirar, todavía se pueden ver algunas marcas de quemaduras de 1814 en las piedras originales. Un recordatorio de que, a veces, la historia es un juego de fuego.

















































































































































































































































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